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El Juego: Una potente herramienta para conseguir la igualdad de género

Escape Room familiar

La neurociencia viene divulgando en los últimos tiempos un mensaje que , en mayor o menor medida, todos conocemos y aceptamos aunque sea de manera inconsciente:

“El cerebro sólo aprende si hay emoción”.

A simple vista la afirmación puede parecer en exceso categórica pero, sólo hay que auto someterse a una pequeña prueba empírica para darse cuenta del alcance real de la cita:

¿Cuántos conceptos recuerdas de las toneladas de apuntes que tomaste y memorizaste durante tu etapa escolar o universitaria? No hablemos ya, de cualquier conato de hacer una oposición…
¿Por qué, sin embargo, conoces cientos o miles de canciones de cabo a rabo? ¿Por qué conoces los capítulos de tu serie favorita hasta el punto de repetir los diálogos simultáneamente al protagonista?

Exacto: la emoción.

Todos conocemos la memoria selectiva, pero, algún factor debe determinar esa “jerarquía de recuerdos”, y ese, no parece ser otro que la emoción.

“Ha fijado más conceptos en tus neuronas la zapatilla de tu madre en 20 segundos, que los 20 añazos que has estado estudiando”

Lo sentimos, eso es así.

Que el fuego quema, y que el agua moja son conceptos que aprendemos todos y cada uno de nosotros de la misma manera, dan igual las advertencias que recibamos de nuestros padres o de los reflejos atávicos, lo vamos a descubrir por nosotros mismos.

La canción que sonaba cuando te enamoraste, el olor del sitio en el que estabas, o la ropa que llevaban todos y cada uno de tus acompañantes en algún momento mágico de tu vida.
La emoción crea unos puntos de anclaje a los que regresar cuando algo nos recuerda a aquel momento especial, y lo hace de forma tan vívida, que hasta podemos volver a tener la piel de gallina, o sentir la congoja, el miedo, o el dolor de nuevo. Parece magia. Merece ser magia.

Giremos el prisma unos cuantos grados para que la luz que incide, ilumine el camino hacia el segundo principio inalienable de este “artículo”, y vamos a hacerlo además con otra cita no menos categórica que la que encontramos al principio:

“No dejamos de jugar porque nos hacemos viejos, nos hacemos viejos porque dejamos de jugar”.

La cita de George Bernard Shaw, estaría escrita en oro en todas las plazas y parques susceptibles de albergar niños jugando, en un mundo utópico, claro, y siempre en la humilde opinión de quien escribe. Sorprende, cuando menos, que en el mundo real, no esté presente en cualquier campaña publicitaria de juguetes que se precie.

Jugar, emoción… Resulta difícil separarlas ¿verdad? Observamos a un niño jugar y nos quedamos en un estado de semi letargo, como cuando ves a alguien que te saluda por la calle y no recuerdas de qué lo conoces, y luchas durante largo rato contigo mismo para encontrar la certeza. Algo nos resulta incómodamente familiar en esos gestos y en ese entusiasmo carentes todavía de cortapisas sociales.

Demostrada pues la efectividad del juego generando emoción, y la capacidad de ésta última para fijar conceptos en la mente humana, el paso lógico sería aprovechar esta sinergia para conseguir transmitir de manera efectiva conceptos y mensajes que necesitamos que calen con urgencia en la psique colectiva.

Las generaciones venideras crecerán familiarizadas con conceptos como feminismo, igualdad de género y lenguaje inclusivo, y no deberían tener ningún problema en incorporarlas a su día a día del futuro, sin embargo, ¿qué hacer con los adolescentes y adultos que tanta reticencia y desconfianza muestran ante estos conceptos por simple desconocimiento, o desinformación?

La Mochila de Eva

En Cat2heory hemos creado “La mochila de Eva”, un escape room portátil diseñado para poner consciencia en muchos de los pequeños pasos que nos quedan por dar para alcanzar la igualdad de género. Mediante el uso de enigmas divertidos y colaborativos, buscamos generar un estado de emoción en los jugadores, que permita el asimilamiento y posterior reflexión de conceptos como los siguientes:

  • Las mujeres borradas de la historia: La ausencia de mujeres de referencia en los textos históricos, la política, el deporte de élite, los puestos de responsabilidad, etc, es una realidad que vivimos hoy.
  • El lenguaje inclusivo: Nuestra forma de hablar, es un reflejo veraz de cómo pensamos. Existen formas muy sencillas de eliminar la discriminación sin necesidad de estropear la belleza intrínsaca de nuestro idioma.
  • Los micromachismos: Identificar , eliminar y hacer visibles esas pequeñas agresiones inconscientes que pasan inadvertidas para nuestras alarmas y que tanto daño hacen a la autoestima e independencia de las mujeres, es algo que se fomenta en el juego.
  • Los estereotipos: Calan en nuestra mente desde su estado larvario, provocando que el individuo se identifique con comportamientos y valores que socialmente se consideran apropiados para su sexo. La publicidad, el tradicionalismo, etc, tienden a perpetuar los roles de género.

Hemos querido enfocar los juegos de manera que, a la vez que los jugadores descubren que ellos mismos tienen habitualmente comportamientos machistas de manera inconsciente, tengan a mano la solución, así generamos autocrítica, y no resistencia al cambio. Al menos, esta es nuestra intención.

*Tras escribir este texto, hemos decidido no corregir cualquier expresión de lenguaje no inclusivo que hayamos podido utilizar (de hecho hay varias). Con ello, queremos poner de manifiesto que, aunque creamos estar en el camino correcto, no podemos bajar la guardia. Es maravilloso descubrir que aún hay cosas que mejorar, desde el punto de vista del que quiere mejorar.

Didola Cat2heory

Artículo escrito por: Cat2heory

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